

Querido hijo;
Muchos fueron los esfuerzos que hizo mi padre, el
inmigrante, cuando decidió venirse a Venezuela, desde aquella su patria
para entonces dividida, irreconciliable, fraccionada, partida en dos.
Vino tu abuelo, en busca de pan y paz, y lo consiguió y decidió quedarse
aquí, por siempre, lo saben las flores del cementerio y su partida de
defunción.
Aquí decidimos hacer familia e intentamos ser felices.
Te diría que hasta hace poco lo fuimos. Había un espíritu especial que
hacía de Venezuela un verdadero lugar para querer y ser querido.
Entonces te formaste y forjaste en libre albedrío y total voluntad, ¿de
qué color es el caballo blanco de Bolívar? Y te reías y me decías ¡no
seas bobo, papá! Recuerdo tu risa y tus estudios, el día de tu
graduación, cuando te casaste para ver si seguíamos siendo felices, tú
con tu mujer y tus hijos, yo con mis hijos y nietos, todos en paz y sin
rencores, ni odios, ni nada de eso que no nos une sino que, por el
contrario, separa.
Todo ha pasado tan rápido, en una década,
insultos menos, insultos más, ya no estarás más en tu país, que ya no
está feliz. Regalado con pasaporte de la Unión, vives ahora devolviendo a
terceros lo que otros invirtieron en ti y por el país.
¿Sabes?
No me duelen los dólares donados, ni las casas ofrecidas, ni los
astilleros salvados, ni la gasolina gratis, ni el petróleo barato, ni el
desprecio y los eructos, los salivazos y las mentadas de madre que como
ciudadano nos dedican nuestros gobernantes.
Me dueles tú y los
tantos que como tú se van para no volver, a ver si consiguen fuera de
aquí, allá, en tierra extraña, donde se respetan las libertades del
vivir, lo que tú ahora, emigrante, sales a buscar en el extranjero, como
vino a buscarlo y lo encontró tu abuelo, el inmigrante, que aquí en una
Venezuela sin exclusiones, ¡sí tuvo patria, nunca fue un infeliz!
Te quiero mucho, besos a tu mujer, que les vaya bien.
Tu papá.
Lunes, 2 de Abril, 2012


Dear son;
Many
were the efforts made by my father, an immigrant, when he decided to
come to Venezuela, from his country then divided, irreconcilable, fractured, split in two. Your
grandfather came in search of bread and peace, and found it and decided
to stay here forever, the flowers in the cemetery know it and his death
certificate.
Here we decided to make a family and try to be happy. I would say that until recently we were. There was a special spirit that made Venezuela a real place to love and be loved. Then you grew up and were forged in free will and total willpower. I would ask you, what color is the white horse of Bolivar? And you laughed and told me not be silly, Dad! I
remember your laughter and your studies, your graduation day, when you
got married to see if we were still happy, you with your wife and
children, I with my children and grandchildren, all in peace and without
resentment or hatred, or any of those things that do not join, but on the contrary, separate us.
Everything
happened so fast, in a decade, fewer insults, more insults, you will no
longer be in your country, which is not happy anymore. Given a Union passport, you live now giving back to others what others invested in you and for the country.
Do you know? The donated dollars don't hurt me, or the offered houses, or the saved shipyards, or the free gas,
or the cheap oil, or the contempt and the belching, the spitting and the insults that as citizens our rulers dedicate to us.
You
hurt me and so many like you who leave not to return, to see if they find away from here, there, in a strange land, where the liberties of life are respected, what
you now, migrant, go to look for abroad, what your grandfather, the immigrant, came looking for and found here in
Venezuela without exclusion. He did find a country, he was never unhappy!
I love you, kisses for your wife, do well.
Your dad.
Monday, April 2, 2012


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