El imaginario colectivo del caraqueño dejó de pensarse en una ciudad moderna.
- Si Caracas ya no es el paradigma de la modernidad, ¿qué es?, ¿cómo la ve?
- Presenta un deterioro tal que yo le decía a mis compañeros arquitectos que el ser humano es uno de los animales que más rápido se adapta a las condiciones nuevas. Y no se dan cuenta de lo mal que se está viviendo. Hay un acostumbramiento a que toda la ciudad sea una especie de basurero. La gente está como indiferente. Es un indicador grave que, debido a la inseguridad, ya no sean rejas sino pantallas de acero las que cierran los negocios. Es gravísimo también que el uso del tiempo libre se tenga que hacer en un centro comercial. El deterioro de Caracas está llegando a un límite en la medida en que nada funciona adecuadamente, está colapsando todo. Pero no quiero ser apocalíptico, sólo digo que el caraqueño se ha ido acostumbrando a esa condición.
- ¿Tenemos entonces a un nuevo ciudadano?
- Totalmente. Todo el mundo tiene un grado de hostilidad que se evidencia desde que uno llega al aeropuerto. Se es tratado con desconfianza, de manera brusca, no hay amabilidad, y eso responde a ese sentimiento de inseguridad de la gente. La gran inestabilidad emocional que tienen se pone de manifiesto en un trato no ciudadano; es decir, no perteneciente a un cuerpo social en el que la convivencia es el principio elemental que te permite ser ciudadano.
Alberto Sato
Entrevista por Tal Levy, El Nacional, 4 de julio, 2010
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