Una de las cosas que pienso, y lo vivo en el mundo universitario, cuando me invitan para un programa completamente teórico, y veo que la gente se coloca de manera que apoya la cabeza, escribe como si estuviera cansado, lo mira a uno tratando de absorver lo que uno está enseñando, pero, de alguna manera, uno ve como una tristeza. Es decir la educación occidental es algo triste. Es una manera de aprender, pero en la cual se siente algo así. Uno lo ve en el trauma del niño que lo llevan a la escuela y que pega gritos para que no lo dejen, y dices "¿pero qué tiene este espacio?". A veces hago chistes, y digo por ejemplo que cuando dicen "el niño está en el aula", me da la impresión como de "jaula"/ Cuando veo un pupitre donde se reduce tanto la actividad de un niño, me da tristeza, porque es un espacio demasiado pequeño para la actividad que tiene un niño. Jaula-aula. Incluso en el lenguaje consciente de los maestros y de los padres, se preguntan "¿a qué hora los sueltan?". Soltamos a los niños como si estuvieran enjaulados, y paf, abren la puerta para que salgan a sus actividades. Llevado a un mundo universitario, cuando yo estoy enseñando lo que es la imagen del cuerpo, o el cuerpo cultural, o lo que es la idea de ritmo, donde la gente inconscientemente está coordinando los pies con la cabeza, con la mirada, con todo esto, la gente procura tener entusiasmo. Y hay una cosa que hay que pedirle a todos los educadores, es decir, no existe aprendizaje, primero, si no existe amor. Pero, a la vez, no existe pedagogía efectiva si uno no logra entusiasmar al otro, entusiasmar verdaderamenete. Incluso en el origen de la palabra está en una participación con Dios.
Entusiasmarse es entrar en contacto con los valores, entrar en contacto con lo que uno considera más humano. Y no hay nada más humano que la alegría, que la felicidad, que es casi el ideal de todo individuo y de toda sociedad.
La cultura del cuerpo: el futuro de Prometeo y Durga
Documental, Escola de Expressió Carmen Aymerich
Televisió de Catalunya (2005)
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