Cuenta
Audino Díaz que para realizar
NATURALEZA ÍNTIMA, se internó en una hacienda ubicada en el estado Barinas durante un mes y medio. Tan pronto el sol despuntaba en el horizonte, y los araguaneyes y pájaros se levantaban armando un escándalo vital, él empezaba su andar por los llanos venezolanos hasta que llegaba al gran Samán que usó como taller. Bajo su sombra empezó a esculpir los troncos caídos que se encontraba. Me escribió que
"el trabajar in situ le otorga a la obra un velo de realidad que encuentro fascinante, es como hablar del mar mientras las olas retumban en tu espalda(...) Trabajar bajo un árbol durante todo el día me hacía dormir muy bien y justo en ese buen dormir iba encontrando nuevos sueños que me daban la pauta de trabajo para el siguiente día". Usó la madera de los árboles que ya muertos inevitablemente se transformarían, o gracias a la descomposición orgánica de sus células, o gracias a sus manos y sus herramientas.
"Lo más hermoso fue estar allí" me dijo, y, pensé que: La verdadera obra ha sido, es, el acto de internarse dentro de la naturaleza y en sus propias palabras, hacer
"un viaje interior que me ayude a comunicarme desde mi perspectiva con el interior".Las esculturas de NATURALEZA ÍNTIMA, cosidas al Planeta Tierra, se concibieron fuera del mundo y del lenguage conocido y construído artificialmente por el hombre; son tan simples como huellas. Son los restos de ese auto-descubrimiento del bosque interior que habita dentro de Audino. La obra de arte, también, es el proceso del despertar. Para Audino se acabaron ya los paisajes intelectuales deviniendo, ahora, feliz animal; esto que vemos es una manada que dialoga y se coloca dentro del mapamundi de creadores, artesanos y pensadores que han escogido, contemporáneamente, el exilio del mundo creando con materiales orgánicos, entregados por y desde la naturaleza; arte de la tierra, una respuesta a su propia naturaleza íntima.
Texto del catálogo de la muestra NATURALEZA ÍNTIMA
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