Anoche llovió toda la noche y aún ahora que es de día sigue lloviendo. Llegué a mi casa del curso de arte terapia en Sanarte muy conmovida. "Como es afuera, es adentro," y así pasé la noche larga. Tuvimos nuestra sesión de teatro con Carlos Abbatemarco y yo quedé callada al final de la sesión; siempre me pasa que soy la última, la más asustada. Este es un misterio que no he podido resolver. Y cómo la vida es mágica y oportuna, para ayudarme a entender se cruzó mi camino justo ayer el libro "De la piel para adentro" de Fernando Rísquez:
Hay dos clases de sufrimiento: el sufrimiento de las mujeres y el sufrimiento de los hombres. Las mujeres pueden sufrir hasta lo indecible y se quejan muy poco. Los hombres no podemos sufrir absolutamente nada y nos quejamos de todo. Por lo tanto, cuando la queja es de una paciente, siempre es mucho más importante que cuando la queja viene de un paciente. Porque las quejas de los pacientes pueden ser muy nimias o quejas muy infantiles. Mientras que cuando una mujer se queja, se queja siempre de la vida. Por supuesto de la vida que lleva. La psicoterapia, que es lo que soy yo un psicoterapeuta, la psicoterapia lo que quiere decir es psique, alma, y terapeuien significa ayudar.
Entonces, como psicoterapeuta, tengo derecho yo aquí y ahora a hablar del teatro interior, porque lo que yo veo es el teatro interior de la persona que se queja, que se convierte en mi paciente. Me trae un drama, el drama de él o drama de ella. Y lo primero que me enseñó Freud fue que el yo es solamente una manifestación momentánea, que se cree continua, pero que es momentánea. El yo de cada uno de ustedes es diferente ahora que cuando comenzó a oírme. Una diferencia por supuesto beneficiosa y maravillosa, pero es diferente. Sin embargo, nosotros creemos que nuestro yo es siempre el mismo.
Cuando tú estas comprobando el teatro interior de tu paciente, tú lo que estas desenterrando es la imagen del yo como de verdad podría ser.
El yo de uno no es nadie hasta que se desdramatiza, sólo cuando uno se quita todos los dramas cómicos y trágicos que hicieron que uno hable por sus personoides, o sea que los personoides hablen por uno.
Eso se llama el teatro interior. Y ese teatro interior lo tenemos toditos nosotros.
Es entonces cuando uno tiene tiempo para volcar los ojos hacia adentro, y hacerse la gran pregunta. ¿Qué hago yo aquí? ¿Qué significo? ¿Para qué estoy yo aquí?
Y eso se llama el teatro de la búsqueda del alma de uno, que se llama la intimidad. Y en la intimidad no hay sino una sola cosa. Todo hombre es como una gota de azogue, de mercurio, que refleja todo el macrocosmos de su pequeñez. Y todo hombre y toda mujer que busca en sí mismo la intimidad, va a hallar allí, no la sombra del demonio en el tiempo, ni en la materia, ni en la medida; sino va a encontrar una cosa inconmesurable, atemporal y substanciada, que es su propio yo, su propia intimidad, el sí mismo, que no es sino el reflejo de todo lo creado y de su Creador también. Vale la pena hacer ese viaje.
Fernando Rísquez
De la piel para adentro
Caracas (2007)
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