Cierras los ojos distraídamente de vez en cuando. La imagen del entramado de hojas se mantiene un momento impresa en tu retina antes de desaparecer, pero ahora es de un rojo intenso, del color de un rododendro muy oscuro. Cuando vuelves a abrir los ojos, la luz es tan radiante que tienes la sensación de que rompe contra tí como las olas, recordándote que no eres más que una pequeña isla en la hierba. Te das cuenta de que hay niños jugando a tu alrededor, y por alguna asociación demasiado rápida como para que aciertes a constatarla- aunque la recordarás más adelante- te maravillas ante los muchos pájaros que puede esconder un árbol. Al atardecer, cuando alguien se acerca, una bandada de cuarenta o cincuenta estorninos puede dispersarse desde un solo espino y describir un círculo en el cielo, como pájaros pintados en un abanico abierto de golpe y después cerrado lentamente. El árbol está lleno de sucesos, imaginados y recordados. Pero para ti, ante todo, el árbol existe en el tiempo; su tamaño, su verdor, y las razones del hombre que originariamente lo plantó, no menos que las razones del hombre que podría ordenar que lo talaran, te recuerdan este hecho. De pronto te das cuenta de que el cielo no es de un azul uniforme. Sobre el árbol hay un trazo vertical de un azul más pálido, ramificándose desde su extremo superior en varias direcciones. De hecho, es como si fuese un árbol, te dices. Ahora lo observas convertirse en la cabeza de un león... Estás usando los ojos, como un poeta, quizás, pero no como un pintor.
Sigues ahí tumbado. Puedes oler la hierba. Eres más consciente que de costumbre del calor del sol. Tienes la sensación de estar estirado sobre el mundo, sintiendo la redondez de la tierra. Nada del árbol te sorprende. Lo miras como un actor pudiera mirar un auditorio. ¿Cuál es tu drama? Tu brazo está alrededor de otra cintura; una mano te acaricia el pelo. Podrías ser cualquiera, pero de momento ves el árbol como sólo lo ve un amante. El árbol es una X que señala un lugar para vosotros dos. (continuará...)
John Berger
"Ser un pintor"
Algunos pasos para una pequeña teoría de lo visible
Árdora Ediciones, Madrid (1997)
Comments