Si se trata del arte, debo ceñirme a la presencia táctil, a la cualidad visual de esta sustancia constitutiva de la imagen- la sombra, el corpus delicti de la fotografía-. La fotografía es el arte de crear una sustancia concreta a partir de la nada de la sombra. Su libertad reside en el infinito número de maneras de proceder que son posibles.
La realidad esencial de una fotografía reside en la materia, es una materia cuya cualidad esencial es táctil. Por supuesto, no podemos tocarla, como podemos tocar la escultura y en menor grado las otras artes plásticas, pero la propia vista no es más que una modificación y una variación del sentido del tacto, y los fisiológos nos han enseñado que la retina es un trozo de piel con la capacidad de tocar la luz. La experiencia de los ciegos de nacimiento que un día comienzan a ver por primera vez y creen que los objetos les rozan los ojos es una magnífica ilustración a este respecto.
La fotografía pues es a las artes plásticas lo que el sentido de la vista es al sentido del tacto- una especialización extraordinariamente particular, pero una parte integral de principio a fin, a la vez que una fuente suprema de exaltación-. La fotografía no se satisface con el tacto; toca desde lejos. Lleva a buen puerto el increíble proyecto de integrar en nuestro control de las formas la transmisión misma de las formas, entre la realidad y nosotros mismos, mediante la luz y en la luz. Cumple este descabellado sueño que secretamente, pero cada vez menos secretamente, ha obsesionado a las artes plásticas durante siglos. Al hacer que la materia hable mediante la luz, al confirmar que la luz y la materia mantienen una relación de continuidad, que son consustanciales y que la luz no es el reflejo de un mítico más allá, cumple y culmina el lento progreso del arte hacia el mutismo y la opacidad de la realidad. Para describir la fotografía, se evoca a menudo el mito de la caverna de Platón. Quizá sería más apropiado explicar que la fotografía ha destruído este mito para siempre.
Mediante la fotografía, el terreno que va de lo visual a lo táctil se convierte finalmente en un solo campo. Mediante la fotografía, las artes plásticas ocupan finalmente toda la gama de sus posibilidades. Mediante la fotografía, lo visual y lo táctil se convierten en partes de una misma totalidad en la que se entremezclan y se intercomunican en igualdad de condiciones. Mediante este arte de luz impalpable, comprendemos verdaderamente hasta qué punto las artes plásticas merecen su nombre. Pues son artes táctiles que implican una materia, a la vez que apariencia.
Jean-Claude Lemagny
"¿Es la fotografía un arte plástico?"
Poéticas del Espacio, Steve Yates (ed.)
Editorial Gustavo Gili, Barcelona (2002)
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