Según la cultura occidental he pasado muchos años haciendo lo que se define como un trabajo egocéntrico, introspectivo y subjetivo, un trabajo egoísta. Escribía un diario que me mantenía en contacto con mi ego más profundo, un diario que era un espejo donde se reflejaba mi desarrollo y los intervalos durante los cuales quedaba interrumpido este desarrollo, y que además me mantenía atenta al desarrollo de los que estaban a mi alrededor. Seguí dependiendo del terapeuta durante tantos años porque él me liberó del sentido de culpabilidad cultural y me proyectó hacia nuevos ciclos. Cada ciclo era un drama distinto. El primero fue la relación con el padre ausente, el segundo la relación con la madre de quien aprendí el concepto del sacrificio femenino, y el tercero la afirmación de mi propia voluntad creadora. Un último y sintetizador análisis realizado por una mujer me condujo finalmente a la armonía entre todas las partes de mí misma. Pero sólo cuando se publicaron los diarios y su utilidad para los demás quedó demostrada, me liberé totalmente del sentido de culpabilidad. Lo que confirmaba de nuevo el punto de vista del Doctor Otto Rank, es decir, que todo lo que nosotros logramos es en el fondo nuestro regalo a la sociedad y a la vida colectiva. El Doctor Rank sospechaba, lo mismo que yo, que las actividades de grupo debilitan nuestra voluntad. Es posible que sean un consuelo para la soledad, pero no fomentan la voluntad creadora individual. Es necesario dejar esto bien sentado antes de participar en las actividades de grupo. Para el Doctor Rank el logro supremo era esta voluntad creadora que podía resistir toda clase de lavado de cerebro. Así, muchas veces, en agrupaciones femeninas he visto a mujeres que solamente traían al grupo problemas personales, problemas neuróticos que deberían haber sido resueltos con la terapia porque el grupo no está preparado para solucionar estos problemas. No deberíamos traer a la colectividad un ego incompleto, afligido, caótico, confuso, enfermo o herido. La terapia no es sólo una curación de la neurosis. Es una lección sobre cómo desarrollarse, cómo superar los obstáculos que dificultan nuestro crecimiento. Las experiencias tienden a alienarnos. Nosotros nos cerramos a la defensiva. Para protegernos del dolor embotamos nuestras reacciones. La psicología elimina las cicatrices, los temores y las rigideces que nos impiden desarrollarnos. Es un proceso revivificante.
Anaïs Nin
"Verdad y Realidad" en Ser Mujer
Editorial Debate, Madrid (1981)
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