sobre la traducción::on translation

On Translation 
Not to search for meaning, but to reedify a gesture, an intent.

As a translator, one grows attached to originals. Seldom are choices 
   so purposeful.

At midday, the translator meets with the poet at a café at the intersection 
   where for decades whores and cross-dressers have lined up at 
   night for passers-by to peruse.  

Not a monologue, but an implied conversation. The translator's 
   response is delayed. 

The translator asks, the poet answers unrestrictedly. Someone 
   watches the hand movements that punctuate the flow of an 
   incomprehensible dialogue.

They're speaking about the poet's disillusionment with Freud. 

One after another, vivid descriptions of the poet's dreams begin to 
   pour out of his mouth. There's no signal of irony in his voice. 
   Nor a hint of astonishment, nor a suggestion of hidden meanings,
   rather a belief in the detritus theory.

"Se me aparece un gato fosforescente. Lo sostengo en mis brazos 
   sabiendo que no volveré a ser el mismo." 

"Estoy en una fiesta. De pronto veo que el diablo está sentado frente 
   a mí. Viste de negro, lleva una barba puntiaguda y un tridente en 
   la mano izquierda. Es tan amable que nadie se da cuenta de que 
   no es un invitado como los otros." 

"Anuncian en el radio que Octavio Paz leerá su poema más reciente:
   'Vaca . . . vaca . . . vaca . . . vaca . . . vaca . . . vaca . . . vaca . . .'"

"Entro a un laboratorio y percibo aromas inusitados. Aún los recuerdo." 

The translator knows that nothing the poet has ever said or written 
   reveals as much about him as the expression on his face when he 
   was asked to pose for a picture. He greets posterity with a devilish 
   grin. To the translator's delight, he's forced to repeat the gesture at 
   least three or four times. The camera has no film. 
 
Mónica de La Torre
On Translation 
American Poet, Fall (2002)
 On Translation

No es buscar el sentido, sino reedificar un gesto, una intención.

Como traductor, uno crece apegado a los originales. Rara vez son   opciones con tanto propósito.

Al mediodía, el traductor se encuentra con el poeta en un café en la intersección donde por décadas putas y travestis se han alineado en la
    noche para que los transeúntes los examinen.

No es un monólogo, sino una conversación implícita. La respuesta  

     del traductor se retrasa.

El traductor se pregunta, el poeta responde sin restricciones. Alguien
    observa el movimiento de las manos que marcan el flujo de un
    diálogo incomprensible.

Hablan sobre la desilusión del poeta con Freud.

Una tras otra, las descripciones vívidas de los sueños del poeta comienzan a derramarse de su boca. No hay ninguna señal de ironía en su voz. Ni una pizca de asombro, ni una sugerencia de significados ocultos, más bien una creencia en la teoría del desecho.

"Se me aparece sin gato fosforescente. Lo sostengo en mis brazos
    sabiendo que no volveré a ser el mismo."

"Estoy en una fiesta. De pronto veo que el diablo está sentado frente
    a mí. Viste de negro, lleva barba puntiaguda y un tridente en
    la mano izquierda. Es tan amable que nadie se da cuenta de que
    no es un invitado como los otros."

"Anuncian en la radio que Octavio Paz leerá su poema más reciente:
    'Vaca. . . vaca. . . vaca. . . vaca. . . vaca. . . vaca. . . vaca. . .' "

"Entro un laboratorio y percibo aromas inusitados. Aún los recuerdo."

El traductor sabe que nada que el poeta haya dicho o escrito revela tanto sobre él mismo como la expresión de su cara cuando se le pidió que posara para una foto. Saluda a la posteridad con una diabólica
sonrisa. Para el deleite del traductor, se ve obligado a repetir el gesto por lo menos tres o cuatro veces. La cámara no tiene película.
 
Mónica de la Torre
On Translation
The American Poet, Otoño (2002)




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