En Smuggling To Paradise presentada en Caracas el año pasado,
Nayarí Castillo nos confronta con el extraño misterio que albergan desde
hace unos años las aguas del río Magdalena en Colombia. Hipopótamos
comprados con el dinero del narcotráfico son el pretexto para que esta
artista interesada en la instalación sitio-específica, señale la
taxonomía del nuevo bestiario del poder.
Describe tu proyecto soñado: ¿Qué tiene que tener una comisión y
en dónde debe producirse para que Nayarí Castillo se enamore
completamente?
Un proyecto debe causarme ante todo curiosidad, es ese salivar
extraño y la pulsión de mi corazón por lo desconocido lo que me lleva a
crear. Pero sin duda, más que ideas apetecibles, es muy importante el
espacio, el lugar donde será diseñada la pieza, las relaciones que allí
se establecen, los transeúntes y sus necesidades. Para mi el sitio
indicado para elaborar una obra es aquél que permite re-escribir la
historia iluminando elementos invisibles. El tiempo también es básico,
no me interesa la inmediatez, sino aquello que puede ser analizado y
digerido. Creo que toda obra debe permitirse un lapso de investigación,
producción y análisis adecuado.
Creo en los proyectos que pueden alterarse durante su curso, creo que
no hay obra sin cambio. Mi proyecto soñado es aquel que me transforma
completamente, como artista y como ser. Por eso me llama la atención lo
sitio-específico, porque en ese crear para una circunstancia particular
y para un lugar puntual, se esconde un elemento sorpresa que permite
que la obra, aún cuando la metodología para abordar el problema sea
similar, sea siempre distinta a la anterior. Lo interesante de la
instalación sitio-específica es su poder de transformación, allí radica
su secreto, en la alquimia del espacio.
Nayarí Castillo
Revista Mono, Caracas (2011)
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