En los primeros versos de la octava elegía de Duino, Rilke dice que la criatura —el ser en su inocencia animal— contempla lo abierto,
al contrario de nosotros, que jamás vemos hacia adelante, hacia lo
absoluto. El miedo nos hace volver el rostro, darle la espalda a la
muerte. Y al negarnos a contemplarla, nos cerramos fatalmente a la vida,
que es una totalidad que la lleva en sí. Lo abierto es el mundo
en donde los contrarios se reconcilian y la luz y la sombra se funden.
Esta concepción tiende a devolver a la muerte su sentido original, que nuestra época le ha arrebatado: muerte y vida son contrarios que se
complementan. Ambas son mitades de una esfera que nosotros, sujetos a
tiempo y espacio, no podemos sino entrever. En el mundo prenatal, muerte
y vida se confunden; en el nuestro, se oponen; en el más allá, vuelven a
reunirse, pero ya no en la ceguera animal, anterior al pecado y a la
conciencia, sino como inocencia reconquistada. El hombre puede
trascender la oposición temporal que las escinde —y que no reside en
ellas, sino en su conciencia— y percibirlas como una unidad superior.
Este conocimiento no se opera sino a través de un desprendimiento: la
criatura debe renunciar a su vida temporal y a la nostalgia del limbo,
del mundo animal. Debe abrirse a la muerte si quiere abrirse a la vida;
entonces "será como los ángeles".
Así, frente a
la muerte hay dos actitudes: una, hacia adelante, que la concibe como
creación; otra, de regreso, que se expresa como fascinación ante la nada
o como nostalgia del limbo. Ningún poeta mexicano o hispanoamericano,
con la excepción, acaso, de César Vallejo, se aproxima a la primera de
estas dos concepciones. En cambio, dos poetas mexicanos, José Gorostiza y
Xavier Villaurrutia, encarnan la segunda de estas dos direcciones. Si
para Gorostiza la vida es "una muerte sin fin", un continuo despeñarse
en la nada, para Villaurrutia la vida no es más que "nostalgia de la
muerte".
Regresar
a la muerte original será volver a la vida de antes de la vida, a la
vida de antes de la muerte: al limbo, a la entraña materna.
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