A cierta edad
Queríamos confesar nuestros pecados pero no había quien escuchara.
Las blancas nubes rehusaron hacerlo, y el viento
estaba atareado visitando mar tras mar.
No logramos interesar a los animales.
Los perros decepcionados, esperaban una orden;
un gato, como siempre inmoral, se quedaba dormido.
Una persona que parecía muy cercana
no quiso oír de cosas pasadas tiempo atrás.
Las conversaciones con los amigos, tomando vodka o café,
no deberían prolongarse más allá del primer signo de aburrimiento.
Sería humillante pagar por hora
a alguien con un diploma, sólo por escuchar.
Iglesias. Tal vez iglesias. Pero confesar allí qué.
Que solíamos vernos apuestos y nobles,
pero ahora en nuestro lugar un feo sapo
entreabre su grueso párpado
y uno puede verlo claramente: "Ese soy yo".
Poemas
Literales, Diario TAL CUAL
Caracas, 10 y 11 de Diciembre, 2011
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