Canónico y Contemporáneo::siete pintores

            Debo confesar que cuando a finales del año pasado recibí la tarjeta de invitación para la inauguración de la exposición más reciente del Espacio Mercantil, que está ubicado en la planta baja del edificio Panaven de la avenida San Juan Bosco de Altamira, me confronté con una extrañeza punzante. ¿Qué líneas de investigación podrían engranar criterios tan lejanos como lo mejor de nuestra pintura colonial, el academicismo de Antonio Herrera Toro y las deliberaciones pictóricas de Jaime Gili? A mi inquietud primera vinieron a sumársele algunos comentarios paralelos que me dediqué a indagar antes de pasar a verla. Artistas, espectadores y especialistas de la imagen parecían encontrarse perdidos ante la experiencia suscitada y no tenían una formulación precisa sobre lo que vivieron al entrar en ese inédito evento pictórico. Aunque varios describían lo que encontraron con precisión, no podía yo visualizar a ciencia cierta cómo estaba distribuido todo aquello en el espacio museográfico.
             Con las interrogantes vivas llegué a la sala de exposiciones. Una vez inmersa me di cuenta de que no era posible entender sino sólo percibir y dejar entrar las inesperadas aristas que estallan a cada paso: grietas, símbolos, diagonales, claroscuros, texturas, colores y vibraciones amalgamadas por un tiempo ignoto que desconcierta las verdades del espectador; engranajes solapados que se levantan a la vuelta de la mirada, minutos desconocidos e hilados por una secreta convivencia en la que el cuerpo se conmociona y se rinde, abatido frente a las respiraciones cromáticas que vibran en un entorno completamente embebido por el gesto único e inabarcable de la representación.
             En épocas en las cuales se discute tanto sobre la pertinencia y el valor de la imagen; en momentos en que la banalidad hiperreproductiva va sembrando vacíos insuperables dentro del ejercicio artístico, propuestas curatoriales como la que nos brinda la Colección Mercantil nos devuelven al centro primordial de lo que es en realidad una obra de arte: asombro inexplicable, circunstancia transcendente, esencia discontinua que sobrepasa la historia, el orden, la institucionalidad y el canon.
            Desde el riesgo transversal que convocan las proyecciones puestas en juego, varias directrices se entrelazan; por un lado la memoria en refracción, el conjunto temático y los linderos del acervo cultural; en otro vértice se levanta el vuelo iconográfico, el homenaje, los territorios transgredidos, la intervención in situ, la permanencia de lo efímero.
            Hacia el final del recorrido un cuadrante ilustrativo siembra algunas luces sobre el proceso, itinerarios de selección donde el pintor contemporáneo distinguió varios puntos cromáticos de las piezas canónicas, para luego buscar en las gamas modernas de un pantone los reflejos de aquellos pigmentos perdidos con los cuales construiría la intervención en el espacio. Intersticios reveladores de un ejercicio profundo que tiene mucho que aportar a la hora de comprender la índole de la pintura como lugar de llegada, como iluminación y vacío, como traslado, necesidad vital, acto de creación.
            Curada por Tahía Rivero y Emilio Narciso, la exhibición estará abierta hasta el mes de marzo, y presentará mañana a las 6:00 de la tarde un pequeño foro al que no se puede dejar de asistir. Allí, el equipo de trabajo junto con la filósofa Sandra Pinardi y el propio Gili delinearán pertinentes consideraciones sobre un proyecto expositivo que convierte a la Colección Mercantil en uno de los más importantes y activos lugares de la vanguardia visual de nuestra actualidad.

Canónico y Contemporáneo
El Nacional, Caracas, 24 de Enero, 2012
          I must confess that when late last year I received the invitation card for the opening of the recent exhibition at Espacio Mercantil, which is located on the ground floor of the Panaven building in San Juan Bosco Avenue of Altamira, Caracas, it confronted me with a sharp strangeness. What lines of research could engage criteria as distant as the best of our colonial painting, the academicism of Antonio Herrera Toro and Jaime Gili's pictorial deliberations? To my first initial restlessness were added some parallel comments I set to inquire before going to see the exhibit. Artists, fans and scholars of the image appeared to be lost at the experience raised and had no precise statement about what they lived when entering the unprecedented pictorial event. Although a number of them described precisely what they found, I could not visualize trully how everything was laid out in the museographic space.
         
With the questions still fresh, I visited the exhibition hall. Once immersed I realized that it was impossible to understand but only perceive and just let in the unexpected edges that burst at every step: cracks, symbols, diagonals, chiaroscuro, textures, colors and amalgamated vibrations that for an unknown moment confuses the spectator's reality; overlapping gears that rise above the eye's roundabout, unknown minutes spun by a secret relationship in which the body is shocked and gives in, knocked down by the color breaths that vibrate in a context completely wrapped up in the unique and unapproachable gesture of representation.
         
In times in which both the relevance and value of the image are being discussed; at moments during which the hiperreproductive banality sows insurmountable gaps in the artistic exercise; curatorial proposals such as the ones the Colección Mercantil is offering, bring us back to the primary center of what a work of art really is: inexplicable wonder, a transcendent
circumstance, discontinuous essence that goes beyond history, order, institutionality and the canon.
         
From the transversal risk called in by the projections displayed, several guidelines are intertwined; on one hand, memory in refraction, the thematic cluster and the boundaries of cultural heritage; on the other vertex, stands the iconic flight, the homage, the transgressed territories, the on site installation, the permanence of the ephemeral.
         
Towards the end of the tour an illustrated quadrant sheds some light on the process: a selected itinerary where the contemporary painter distinguishes various chromatic points of the canonical pieces in relation to modern pantone color ranges that show the reflections of those lost pigments with which he used to build the space
intervention. Interstices revealing a profound exercise that has much to offer in understanding the nature of painting as a place of arrival, as illumination and void, as movement, vital necessity, creative act.
            
Curated by Tahia Rivero and Emilio Narciso, the exhibition, which will be open until March, presents a small forum that should not be missed
tomorrow at 6:00 pm. There, the team of workers together with philosopher Sandra Pinardi and painter Jaime Gili will delineate relevant considerations about an exhibition project that turn the Mercantil Collection into one of the most important and active places of the visual art vanguard of our days.

Canónico y Contemporáneo
 El Nacional, Caracas, January 24, 2012

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