nocturno de los ángeles
Nocturno de los ángeles (fragmento)
¡Son los ángeles!
Han bajado a la tierra
por invisibles escalas.
Vienen del mar, que es el espejo del cielo,
en barcos de humo y sombra,
a fundirse y confundirse con los mortales,
a rendir sus frentes en los muslos de las mujeres,
a dejar que otras manos palpen sus cuerpos febrilmente,
y que otros cuerpos busquen los suyos hasta encontrarlos
como se encuentran al cerrarse los labios de una misma boca,
a fatigar su boca tanto tiempo inactiva,
a poner en libertad sus lenguas de fuego,
a decir las canciones, los juramentos, las malas palabras
en que los hombres concentran el antiguo misterio
de la carne, la sangre y el deseo.
Tienen nombres supuestos, divinamente sencillos.
Se llaman Dick o John, o Marvin o Louis.
En nada sino en la belleza se distinguen de los mortales.
Caminan, se detienen, prosiguen.
Cambian miradas, atreven sonrisas.
Forman imprevistas parejas.
Han bajado a la tierra
por invisibles escalas.
Vienen del mar, que es el espejo del cielo,
en barcos de humo y sombra,
a fundirse y confundirse con los mortales,
a rendir sus frentes en los muslos de las mujeres,
a dejar que otras manos palpen sus cuerpos febrilmente,
y que otros cuerpos busquen los suyos hasta encontrarlos
como se encuentran al cerrarse los labios de una misma boca,
a fatigar su boca tanto tiempo inactiva,
a poner en libertad sus lenguas de fuego,
a decir las canciones, los juramentos, las malas palabras
en que los hombres concentran el antiguo misterio
de la carne, la sangre y el deseo.
Tienen nombres supuestos, divinamente sencillos.
Se llaman Dick o John, o Marvin o Louis.
En nada sino en la belleza se distinguen de los mortales.
Caminan, se detienen, prosiguen.
Cambian miradas, atreven sonrisas.
Forman imprevistas parejas.
Sonríen maliciosamente
al subir en los ascensores de los hoteles
donde aún se practica el vuelo lento y vertical.
En sus cuerpos desnudos hay huellas celestiales;
signos, estrellas y letras azules.
Se dejan caer en las camas, se hunden en las almohadas
que los hacen pensar todavía un momento en las nubes.
Pero cierran los ojos para entregarse mejor a los goces de su encarnación misteriosa,
y, cuando duermen, sueñan no con los ángeles sino con los mortales.
donde aún se practica el vuelo lento y vertical.
En sus cuerpos desnudos hay huellas celestiales;
signos, estrellas y letras azules.
Se dejan caer en las camas, se hunden en las almohadas
que los hacen pensar todavía un momento en las nubes.
Pero cierran los ojos para entregarse mejor a los goces de su encarnación misteriosa,
y, cuando duermen, sueñan no con los ángeles sino con los mortales.
Ediciones del Equilibrista, México (1936)
Nocturne: the Angels (a fragment)
They are angels.
They have come down to earth
on invisible ladders.
They come from the sea that is the mirror of the sky
on ships of smoke and shadow,
they come to fuse and be confused with men,
to surrender their foreheads to the thighs of women,
to let other hands anxiously touch their bodies
and let other bodies search for their bodies till they’re found,
like the closing lips of a single mouth,
they come to exhaust their mouths, so long inactive,
to set free their tongues of fire,
to sing the songs, to swear, to say all the bad words
in which men have concentrated the ancient mysteries
of flesh, blood and desire.
They have assumed names that are divinely simple.
They call themselves Dick or John, Marvin or Louis.
Only by their beauty are they distinguishable from men.
They walk, they pause, they move on.
They exchange glances, they dare to smile.
They form unpredictable couples.
They smile maliciously going up in the elevators of hotels,
where leisurely vertical flight is still practices.
There are celestial marks on their naked bodies:
blue signs, blue stars and letters.
They let themselves fall into beds, they sink into pillows
that make them think they’re still in the clouds.
But they close their eyes to surrender to the pleasures of their mysterious
incarnation,
and when they sleep, they dream not of angels but of men.
Xavier Villaurrutia
Ediciones del Equilibrista, Mexico (1936)
Ediciones del Equilibrista, Mexico (1936)





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