
Shortly before his 90th birthday, when asked which moment of his life he’d return to were time travel possible, Ray Bradbury told his interviewer: “Every. Single. Moment. Every single moment of my life has been incredible. I’ve loved it, I’ve savored it, it’s been beautiful — because I’ve remained a boy.” Bradbury was a rare and necessary antidote to the tortured-genius myth — that toxic cultural narrative that requires great creators to suffer lest their work have no depth, no gravitas, no legacy.
Bradbury left high school with plans of going to college, but no money. So he set out to educate himself by going to the library three days a week, a regimen he continued for 10 years, never romanticizing poverty or the so-called writer’s life. Instead, he celebrated the joy of writing itself. In 1951, living in Los Angeles with his wife two and two infant daughters, he got a bag of dimes and rented a typewriter in the U.C.L.A. basement for 10 cents a half-hour. He wrote Fahrenheit 451 for $9.80.
His secret? “You remain invested in your inner child by exploding every day. You don’t worry about the future, you don’t worry about the past — you just explode.”
Quote by Maria Popova in an interview to Ray Bradbury
December 31, 2012

Poco antes de su cumpleaños número 90, cuando se le preguntó en qué momento de su vida volvería a hacer viajes fuera del tiempo posible, Ray Bradbury le dijo a su entrevistadora: "Todos y cada uno de los momentos. Cada momento de mi vida ha sido increíble. Lo he amado, lo he saboreado, ha sido precioso - porque he seguido siendo un niño." Bradbury fue un antídoto raro y necesario para el mito del genio torturado - esa narrativa tóxico cultural que requiere grandes creadores que sufran porque de lo contrario su trabajo no tiene profundidad, ni seriedad, ni crea herencia.
Bradbury dejó la escuela secundaria con planes de ir a la universidad, pero no con dinero. Así que se dedicó a educarse a sí mismo yendo a la biblioteca tres días a la semana, un régimen que continuó durante 10 años, nunca mirando la pobreza o la vida del escritor románticamente. En cambio, celebraba la alegría de la escritura misma. En 1951, viviendo en Los Ángeles con su esposa y dos hijas pequeñas, tomó una bolsa de monedas de diez centavos y alquiló una máquina de escribir en el sótano de la UCLA a 10 centavos de dólar por media hora. Él escribió Fahrenheit 451 por $ 9.80.
¿Su secreto? "Mantienes la inversión de ser tu propio niño interior para sentir la explosión todos los días. Ni preocuparme por el futuro, ni preocuparme por el pasado - solo sentir la explosión ".
Extracto de Maria Popova, en una entrevista a Ray Bradbury
31 de diciembre 2012
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