Me dejo llevar por la idea de la paz, la razón y la justicia y de repente otro país se me aproxima a esa masa gris de excrementos que tengo, como Chúo, en la cabeza: sí puede ser, claro que podemos soñar, claro que hay esperanza. Yo creo que podemos ser otra cosa. Quiero niños que jueguen a la paz, no chamos de 18 años que me apunten con una pistola. Quiero hospitales y escuelas, administradores honestos, quiero vías buenas, quiero universidades que nos llenen de sabiduría, quiero que de una vez por todas nuestra alma nacional se libere de sus atavismos. Quiero que nos sentemos un rato, que nos escuchemos. Quiero que los índices de inseguridad de cada fin de semana no sean culpa de las víctimas. En una tertulia que tuve con unos amigos a los que siempre les di la razón, en esos momentos en que el destino te confronta con la solución final, hablando de sueldos y ganancias vino a discusión el salario de los profesores universitarios, tema que me pareció de lo más distante a una conversación hamponil. Sin embargo, la reflexión de uno de los jóvenes, aún hoy golpea mi poceta cerebral: “¡Los profesores universitarios ganan una miseria, dígalo ahí causa, cómo va a progresar un país en el que los que tienen que educar ganan una miseria!”. Puede que usted crea, amable votante, que esto me lo inventé. Que un secuestrador no haría una reflexión así. Pues lo hizo y lo que me dolió al mirarle desde el piso, desde donde todo otro se ve grande, es que era mucho más elevada la certeza de su reflexión y que si tuviésemos maestros y profesores mejor pagados y escuelas y museos y sueldos y fábricas y empleos y avenidas y parques y deportes y sueños y esperanzas y un poquito de decencia, quizá todo sería mejor. Un muchacho que, sin saberlo, retrataba su tragedia, que era también la mía, aunque graduado en la UCV.
Este domingo son las elecciones. Yo no soy quién para decirle a usted qué debe hacer. La certeza de que la vida es buena y de que la quiero bonita para todos mis hermanos, incluidos los que casi me la quitan, me llevará a intentarlo una vez más. Quiero que de una vez por todas Venezuela se funde.
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