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Las plantas de los jardines habitan junto a las personas que las han colocado allí. Pero también las siguen, van tras ellas. Un elemento fortuito, que podría denominarse arbitrariamente como “empatía”, viene a determinar la cercanía y presencia (o ausencia) de ciertos ejemplares en los remansos vegetales concebidos por el ser humano. Fue Edgar Anderson, un etnobotánico estadounidense, quien propuso la noción de “plantas acompañantes” para referirse a aquellas especies –no necesariamente domesticadas– que por algún motivo escogen vivir cerca de los humanos y seguirlos en sus desplazamientos a otros territorios . Especializado en el estudio de la vegetación de las cunetas, callejones y vertederos de basura, Anderson señaló cómo algunas plantas prefieren los terrenos que han sido alterados o modificados por el hombre, bien sea porque allí pueden huir de la hierba – que no les gusta–, o porque pueden aprovechar mejor la luz del sol. Lo que destaca de esta idea es que, por un lado, son las plantas las que definen el paisaje, dependiendo de a qué otras especies toleren o no como vecinas (incluyéndonos); y por otro, que el ser humano es, evidentemente, “un creador de nuevas plantas y de nuevas comunidades de plantas”, y que vaya a donde vaya, aunque sea de modo involuntario, “lleva consigo su propio paisaje”.
Cuando el paisaje (no) nos pertenece
Fragmento del texto que acompaña la exposición ESQUEJES
Abra Caracas, Centro de Arte Los Galpones, Caracas
Garden plants live next to people who have placed them there. But they also follow them, go after them. A random element, which could be called arbitrarily "empathy", comes to determine the closeness and the presence (or absence) of certain samples in the plant refuges conceived by humans. Edgar Anderson, the American ethnobotanist, proposed the notion of "companion plants" to refer to those species -not necessarily domesticated- which for some reason choose to live close to humans and follow them during their travel to other territories. Specialized in the study of vegetation in ditches, small streets and garbage dumps, Anderson noted how some plants prefer soils that have been altered or modified by man, either because there they flee from weeds - which they don't like- or because they can make better use of sunlight. What stands out about this idea is that, on one hand, plants define the landscape, depending on which other species they can tolerate or not as neighbors (including us); and secondly, that the human being is obviously "a creator of new plants and new plant communities" and that wherever he goes, even involuntarily, "he carries his own landscape with him".
Cuando el paisaje (no) nos pertenece
Fragmento del texto que acompaña la exposición ESQUEJES
Abra Caracas, Centro de Arte Los Galpones, Caracas
Las tres primeras imágenes son cortesía de Maruja Herrera








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